
La suerte aparece cuando menos se la espera y los jugadores habituales que participan en los juegos de azar lo saben: tienen las mismas posibilidades quienes juegan una vez en la vida que aquellos que repiten sus números cada semana. Incluso hay casos de quien ha ganado un millón a la lotería sin haber comprado jamás un boleto, como le sucedió a Daniel Schuman.
Pero cuando la diosa fortuna se presenta ante nosotros no siempre la esperamos. Siempre se sueña con tener suerte, pero es tan difícil convertirse en millonario con la lotería que la mente humana no está preparada para recibir una noticia de esa importancia. Y eso es, precisamente, lo que le ha ocurrido a Stacey Taylor, una cuidadora de personas mayores.
Stacey había entrado a trabajar de noche en la residencia en la que presta sus servicios cuando recibió en su teléfono móvil un mensaje de texto de su marido. Lo abrió y leyó: "Ven a casa, hemos ganado un millón en la lotería". Pero Stacey no se creyó a su marido al pensar que la estaba tomando el pelo y siguió trabajando hasta las ocho de la mañana, cuando se fue a casa.
Sin embargo, David, el marido de Stacey, no se había dado por vencido tras su primer intento y envió a su mujer una fotografía del ticket ganador. Ella no tenía claro de qué se trataba, así que llamó en mitad de la noche a su madre y a su hermano para preguntarles por ese sorteo: "Los dos me dijeron que era un boleto ganador, pero seguí sin creerlo".
La razón es que David siempre está gastando bromas a todo el mundo, así que su mujer está acostumbrada a que le tome el pelo. Pero esta vez era diferente: "Pregunté a una de mis compañeras de trabajo y ella también me dijo que se trataba de un boleto ganador, así que empezó a saltar y bailar. Tuve que ser yo quien le dijera que teníamos que seguir trabajando".
De hecho, Stacey se pasó toda la noche dándole vueltas al asunto y sin tener claro si era millonaria o no. Su compañera de trabajo iba bailando por las habitaciones de los invitados y los residentes que estaban despiertos, enterados de que a Stacey le había sonreído la suerte, no dudaron en felicitarla. Hubo incluso quien derramó alguna lágrima por la fortuna de la trabajadora.
Cuando llegó la hora de volver a casa Stacey lo hizo con cautela: no sabía bien qué se iba a encontrar, si a su marido convertido en millonario o con la sonrisa en la cara de haberla vuelto a tomar el pelo… pero fue la primera opción: "Era verdad, habíamos ganado un millón de libras y había guardado el boleto en la caja fuerte para no perderlo".
David y Stacey tienen dos hijos, de nueve y once años respectivamente, aunque no fue hasta marzo de 2019 cuando decidieron casarse. Lo hicieron en un hotel de Cardiff y han querido que fuera allí donde recibieran el cheque gigante que les hace acreedores de un millón de libras gracias al sorteo de Euromillones del pasado 24 de enero.
Ahora, llega el momento de pensar en qué se van a gastar el dinero. De momento han decidido actualizar sus vacaciones de verano: habían reservado un viaje a Mallorca para los cuatro, pero ahora lo harán a un hotel mejor y durante más tiempo. Además, lo primero que harán será comprar dos coches nuevos para ir a trabajar y llevar a sus hijos al colegio "con estilo".
No es lo único que ya han decidido: viven en Bridgend, una pequeña localidad del sur de Gales, y se cambiarán de casa a otra no muy lejos pero que les permita vivir en plena campiña. Y, además, seguirán trabajando, pero lo harán de manera más relajada: adiós a los turnos de ocho horas de noche a cambio de un empleo a tiempo parcial para seguir sintiéndose útiles.
Porque Stacey reconoce a Metro que le "encanta cuidar a los residentes: uno de ellos estaba tan feliz por mí cuando se enteró de la noticia que se le saltaron las lágrimas". Ahora solo piensan en que llegue ya el verano para que sus hijos terminen las clases y puedan darse esas merecidas vacaciones. Después ya habrá tiempo de hacer más planes.


Dicen los jugadores habituales de los juegos de azar que nunca hay que tirar los boletos sin verificarlos antes en la administración de lotería. Aunque hayamos comprobado los números ganadores en muchas ocasiones y estemos convencidos de que no tenemos ningún premio en nuestros boletos, siempre es mejor pasarlos por el escáner oficial del sorteo.
Eso es debido a que puede producirse un error en la comunicación de los números ganadores, al mirarlo nosotros en alguna web o al confundirnos con la fecha del sorteo. Sin embargo, comprobando los números en cualquier administración de lotería nos garantizamos que, en caso de que nuestro boleto esté premiado, la cantidad ganada aparecerá en el visor.
Eso es lo que le ha sucedido a una jugadora canadiense que suele participar en varios sorteos de la lotería cada semana. Siempre los comprueba en su casa, ya sea mirando la combinación ganadora en el periódico o entrando en internet para ver los resultados y los premios, pero por si acaso siempre pasa por su establecimiento de confianza para verificar los boletos.
Pero, como siempre, Anna guardó el boleto con la intención de comprobarlo en su tienda de confianza: aprovecharía que iba a comprar su billete para la semana siguiente para que le verificaran el de la anterior. Lo que no se esperaba es que, entonces sí, se iba a llevar la mayor alegría de su vida… por no decir, a la vez, que también era la más inesperada.
Como es su costumbre, Anna Fodor le dio su boleto al encargado de la tienda y ahí fue cuando aparecieron de repente los números de que su boleto estaba premiado: había ganado 500.000 dólares, unos 350.000 euros al cambio, ya que era la ganadora del premio especial de un millón de dólares que se pone en juego entre todos los participantes en el sorteo.
Anna reconoce que "no me di cuenta de que había ganado hasta que lo escaneé en la tienda de la esquina donde compré el boleto". Ahora sabe que ella y otro ganador que selló su boleto en la provincia de Ontario, al otro lado del país, se han repartido el millón de dólares del premio, por lo que cada uno se ha quedado medio millón.
Si hubiera tirado el boleto después de comprobar los números del bote, se habría quedado sin premio. Pero ahora Anna podrá cumplir el sueño de su vida: comprarse una camioneta para recorrer el país de punta a punta sin ninguna prisa. Eso sí, asegura que "el resto lo invertiré sabiamente y marcará una gran diferencia en mi vida".
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